Me causa un poco de gracia, el pensar en mis inicios como docente porque ahora que lo analizó es algo que siempre me ha gustado, tal vez lo heredé de mis padres, pero no fue lo que finalmente estudié. Durante mi estadía como alumna, principalmente en la universidad, mis amigos me decían: ¡Eres una matada! (refiriéndose a que estudiaba mucho), la primera parte de mi justificación se debía a realmente me gustaba el contenido de las materias que tenía la Licenciatura en Mercadotecnia, la segunda parte de mi justificación era la que realmente valía la pena, ese momento llegaba cuando eran períodos de exámenes y les daba clases particulares a mis amigos.
Aproximadamente como entre los 20 y 25 años tuve la oportunidad de impartir clases de danza, a niñas entre los 6 y 15 años, ellas fueron las primeras en llamarme “maestra”, en ese momento me di cuenta de la responsabilidad que implicaba esa palabra. Planear, investigar, pensar sobre que, como, cuando, donde tenía que hacer una presentación, preparar mis clases y evaluarlas eran algunas de las tareas que mi inexperiencia tenía que hacer.
Mi historia como docente en la educación media superior inicio impartiendo clases a jóvenes adultos en SAETI (preparatoria abierta), etapa totalmente diferente a las que había pasado, inclusive, si se compara con el sistema escolarizado. En SAETI los grupos eran pequeños, los alumnos que asisten a las asesorías son gente que trabaja, en su mayoría tienen familia, pero que sin embargo, están enfocados a seguir superándose, es por eso que realmente van a estudiar. Lo anterior fue lo contrario en el sistema escolarizado, me desesperaba por ver como la mayoría de mis alumnos no les interesaba sus clases, la apatía que demostraban era sorprendente, no era algo que yo esperaba y sentía que no había manera de cambiarlo.
Algunos meses después de haber iniciado en el sistema comencé a tomar cursos y fue cuando comencé a entender cómo funcionan las cosas, puedo asegurar que han sido herramientas que me han apoyado mucho, no tengo una gran experiencia debido al poco tiempo que tengo en el sistema, pero el platicar mucho con mis padres y compañeros de trabajo ha sido también de gran utilidad, no he podido acabar con esa apatía en todos mis alumnos, pero si he logrado ver con gran satisfacción como algunos de ellos cambian su manera de pesar respecto a la materia que imparto (física).
domingo, 11 de enero de 2009
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